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Casas Colgadas de Cuenca: historia y cuadros de un pintor conquense

Cuadro panorámico de las Casas Colgadas de Cuenca con marco — Casas Colgadas de Cuenca, de Diego Forriol

Las Casas Colgadas de Cuenca son la imagen más reconocible de la ciudad: casas suspendidas sobre la roca, con sus balcones de madera asomados a la hoz del Huécar. Para mí, que nací en Cuenca en 1972, son algo más que un monumento: son el paisaje al que vuelvo una y otra vez cuando pinto. En esta entrada te cuento su historia y cómo las he llevado a mis cuadros y láminas de las Casas Colgadas.

Un poco de historia de las Casas Colgadas

Las Casas Colgadas se levantaron al borde del cortado del río Huécar, en el casco antiguo de Cuenca, y su origen se sitúa al menos en el siglo XV. Hubo más casas como estas a lo largo de la cornisa; hoy solo se conservan unas pocas, entre ellas las conocidas como Casa del Rey y Casa de la Sirena.

En 1966 el pintor Fernando Zóbel instaló en ellas el Museo de Arte Abstracto Español, que convirtió las Casas Colgadas en un lugar de referencia para el arte contemporáneo. Ese mismo cruce entre piedra antigua y mirada moderna es el que me interesa al pintarlas. En 1996 el casco histórico amurallado de Cuenca fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La mejor vista de las Casas Colgadas se tiene desde el puente de San Pablo, que cruza la hoz del Huécar. Desde allí, con la niebla de la mañana o con la luz dorada de la tarde, la ciudad parece flotar. Esa atmósfera es la que intento atrapar.

Las Casas Colgadas en mi obra

No pinto las Casas Colgadas como una postal. Me interesa la bruma, la luz que las envuelve y el momento en que la arquitectura se funde con la roca y el cielo. Estas son las obras de la serie que puedes tener en casa:

Todas las impresiones se hacen a partir de mis obras originales y están disponibles en varios tamaños, con o sin marco. Puedes verlas juntas en la colección de cuadros de Cuenca.

¿Lámina, lienzo u obra original?

Si buscas un recuerdo de Cuenca o un regalo para alguien que quiere a esta ciudad, la lámina en papel es la elección más sencilla: se enmarca fácilmente y encaja en cualquier rincón. Si prefieres un cuadro de Cuenca con más presencia, el lienzo (y sobre todo el panorámico) funciona muy bien en el salón, sobre un sofá o un aparador. Y si quieres una pieza única, pintada a mano, la obra original es la que tiene la huella directa del pincel.

Pintadas por un pintor conquense

Llevo toda la vida mirando estas casas desde abajo, desde el puente y desde el río. Por eso estas obras no son una vista de turista: son la Cuenca que conozco, con su niebla, sus ocres y su silencio. Si tienes cualquier duda sobre tamaños, marcos o envío, escríbeme y te respondo personalmente.